El hardgroove es un subgénero del techno que apareció en Reino Unido a mediados de los años noventa, se mueve casi siempre entre 130 y 140 BPM y se define por una batería densa y percusiva —congas, bongos, breaks troceados, samples de hip hop— montada sobre un bombo seco y constante. El nombre lo acuñó el DJ y productor británico Ben Sims (Essex, Reino Unido) con su serie de cintas Hard Groove Trax hacia 1996, y en 1999 lo convirtió en sello discográfico. Después de casi dos décadas fuera del radar, es una de las etiquetas más usadas —y más discutidas— del techno de 2026.
Hay géneros que nacen de un manifiesto y géneros que nacen de un cabreo. El hardgroove es de los segundos.
A mediados de los noventa, «techno» se había convertido en una palabra que servía para todo: para Detroit, para el gabber holandés, para el trance duro que sonaba en las radios comerciales y para cualquier cosa con un bombo a negras. A Ben Sims, que llevaba desde crío pinchando hip hop y electro en radios piratas de Essex y el este de Londres, aquello le parecía un cajón de sastre inservible. Lo que él pinchaba tenía algo que las etiquetas de la época no recogían: pegaba fuerte, pero se bailaba con la cadera. Alguien le sugirió llamarlo «funky techno». Sims lo rechazó de plano —sonaba blando, sonaba a otra cosa— y se inventó un término propio.
Hardgroove. Duro y con groove. Dos palabras que en teoría no encajan y que juntas describen exactamente el punto medio que nadie estaba nombrando.
Antes del nombre ya existía el sonido
El hardgroove no se inventó de cero en un estudio. Salió de una costumbre de DJ que es más vieja que el propio techno: coger un fragmento de un disco —normalmente un break de batería o una sección de percusión— y estirarlo mucho más allá de lo que el productor había previsto, porque en la pista funcionaba. Los DJs de hip hop y funk llevaban haciéndolo desde los setenta con dos copias del mismo vinilo. Cuando esa lógica se aplicó al techno, con máquinas capaces de repetir un compás hasta el infinito, apareció el esqueleto del género.
Sims siempre ha citado dos referencias concretas: Todd Terry, el productor neoyorquino que en los ochenta construía house a base de samples recortados con una crudeza casi de hip hop, y Jeff Mills, el DJ y productor de Detroit cuyos EPs en Purpose Maker eran, en la práctica, herramientas de mezcla: sin intro melódica, sin desarrollo, sin nada que no sirviera para encajar con otro disco.

Hay una tercera pata que se menciona menos y que el propio Sims ha subrayado: Steve Bicknell. Sus fiestas Lost en Londres, su sello Cosmic Records y la serie Club Tracks pusieron buena parte de los cimientos de lo que después sería el hardgroove. Sims lo explicó con detalle en el reportaje que Resident Advisor le dedicó al género en abril de 2023, eligiendo como ejemplo el remix que Bicknell hizo de «It One Jah», de los británicos The Advent: filtros brutales, reversas, saturación, el tema retorcido hasta quedar casi irreconocible. Según Sims, ningún otro trabajo de Bicknell influyó tanto en el sonido que vendría después.
Ahí está la genealogía real: el pragmatismo de DJ de Nueva York, la funcionalidad de Detroit y la brutalidad sonora del underground londinense.
1996: la cinta que puso nombre a todo
Sims se pasó buena parte de los primeros noventa en la radio pirata. Su primer club fue Berwick Manor, en Essex, un sitio de la era rave donde tampoco eran demasiado estrictos con la edad de la gente que entraba. De ahí a las cintas: en aquella época, un DJ construía su reputación con mixtapes que circulaban de mano en mano, y las de Sims —la serie Hard Groove Trax— empezaron a hacer algo más que sonar bien.
Hicieron algo que ninguna definición teórica habría conseguido: agrupar. Cinta tras cinta, los mismos discos, la misma lógica rítmica, el mismo criterio. Cuando una serie de mixtapes selecciona con esa coherencia, deja de ser una recopilación y se convierte en una declaración de qué pertenece a un sonido y qué no. En 2024, hablando con la revista irlandesa Four/Four, Sims dijo que llevaba «casi treinta años» usando el término, lo que sitúa el origen a mediados de los noventa y encaja con la fecha que suele darse: 1996.

Dos años después llegó el disco fundacional. The HardGroove Project, un doble 12″ publicado en Theory Recordings (referencia TR006X) en 1998, con ocho cortes —»Phaser», «Frontline», «Storm», «Killa Beats»— que son básicamente el manual del género escrito en vinilo. Nada de melodías, nada de desarrollo dramático, todo percusión y filtros. Sigue siendo uno de los discos más buscados de su catálogo.
Y en 1999, Sims fundó el sello. Hardgroove, sublabel de Theory, con base en Londres. A partir de ahí el término dejó de ser una palabra que usaban cuatro personas y pasó a ser una marca con catálogo, distribución y una estética reconocible.
Detroit, Rolando y la percusión que lo cambió todo
Reducir el hardgroove a un invento británico sería contar la mitad de la historia. La otra mitad está en Detroit, y tiene nombre y apellidos.
DJ Rolando —Rolando Rocha, mexicano-estadounidense del suroeste de Detroit— entró en Underground Resistance como DJ en 1994 y empezó a producir en 1996 animado por Mad Mike Banks. Su padre había sido músico en una banda mexicana, y esa herencia se le coló entera en las cajas de ritmo. Él mismo lo ha descrito como su arma secreta como productor. En 1999 publicó, bajo el alias The Aztec Mystic, el Knights of the Jaguar EP (UR-049), con «Jaguar» dentro: una de las melodías más reconocibles de la historia del techno montada sobre una percusión que no venía ni de Kraftwerk ni de Chicago, sino de una boda mexicana.

Es un disco de Underground Resistance, no de hardgroove. Pero está en el ADN del género porque demostró que se podía meter percusión latina en el techno más serio del mundo sin perder un gramo de credibilidad. A partir de ahí, congas y bongos dejaron de ser un adorno exótico y se convirtieron en material de primera línea. Lo mismo pasa con «The Alarms», el corte de Jeff Mills de 1998 donde la percusión de mano lleva el peso del tema.
Esa es la razón por la que a muchos hardgroove les suena «tribal». La etiqueta siempre ha sido problemática —es un cajón donde el dance europeo metió durante décadas cualquier ritmo que no fuera blanco, sin distinguir entre tradiciones africanas, caribeñas o brasileñas—, pero describe algo real: en el hardgroove, la percusión no acompaña. Manda.
Cómo suena por dentro un track de hardgroove
Si tuvieras que desmontar un tema del género pieza a pieza, encontrarías cuatro cosas.
El bombo es corto, seco y limpio, ocupando la franja baja del espectro sin extenderse. Nada de esos bombos larguísimos y distorsionados del hard techno actual: aquí el bombo tiene que dejar sitio. Si se come el grave, la percusión no respira y el tema se muere.
La percusión es donde está todo el trabajo. Capas de congas, bongos, shakers, hi-hats sincopados, breaks troceados que van a su propio ritmo y se cruzan con el pulso principal. La sensación es de movimiento constante, ligeramente inestable, humano. Es exactamente lo contrario del techno de precisión milimétrica.
El bajo no se complica: se pega a la percusión y aporta cuerpo en la franja media, más de lo que sería habitual en otros estilos, porque compite con un bombo que está sonando todo el rato.
Y luego están los samples, que son la firma del género. Vocales recortadas, stabs de rave, filtros de disco, algún acorde de jazz, un pedazo de guitarra distorsionada. En el hardgroove clásico casi no hay melodía en el sentido convencional: hay texturas que aparecen, se repiten hasta que dejan de tener significado y desaparecen.
El resultado, si está bien hecho, es un disco que no es una canción. Es una herramienta: intro larga, salida larga, tres o cuatro elementos que se pueden solapar con otro vinilo durante minutos. El hardgroove se hizo para DJs que mezclan con dos, tres o cinco platos —Sims es conocido precisamente por eso— y para pistas donde el interés no está en el drop, sino en cómo se van encajando las capas.
Los 2000: expansión europea y sobredosis de loops
Entre 1999 y 2005 el sonido se extendió por toda Europa. En Reino Unido, Mark Broom y Mark Williams se convirtieron en los otros dos nombres imprescindibles junto a Sims; Broom y Sims llegaron a compartir alias, Roku, y a pinchar juntos en clubs como The Orbit de Leeds o el Liquid Room, a veces con seis platos en cabina. En Eslovenia, Umek llevó la lógica del loop hasta el extremo. En Suecia, la escuela de Adam Beyer y compañía aplicó el mismo principio con un acabado más metálico. En Nápoles, Marco Carola construyó una versión propia del techno de bucles que compartía muchísimo ADN.

Y entonces el género se murió de éxito. Cuando un estilo se basa en repetir un loop, la frontera entre «hipnótico» y «vacío» es finísima. A mediados de los dos mil, el mercado estaba saturado de discos que eran cuatro compases fotocopiados con un filtro encima. El techno giró hacia el minimal primero y hacia lo industrial y lo hipnótico después, y el hardgroove pasó de ser una etiqueta de prestigio a ser algo que no convenía mencionar en una entrevista. Durante casi quince años, los que siguieron haciéndolo —Sims, Broom, James Ruskin, Truncate, Developer— simplemente dejaron de ponerle nombre.
España: Florida 135 fue una sucursal del hardgroove sin saberlo
Aquí conviene parar, porque esta parte de la historia casi nunca se cuenta desde España y debería.
Florida 135, la sala de Fraga (Huesca) inaugurada en 1985 y convertida durante los noventa y dos mil en el epicentro del techno español, programó en muy pocos años a prácticamente toda la nómina del hardgroove internacional. Ben Sims pinchó allí en agosto de 2003, volvió en 2008 y seguía volviendo en 2017; en diciembre de 2006 se presentó como Frequency 7, su proyecto a dúo con Surgeon. Umek pasó por Fraga en 2004. DJ Rush también en 2004. Marco Carola en 2006. Valentino Kanzyani en 2007. Y todo eso conviviendo con las residencias y sesiones habituales de Óscar Mulero y Cristian Varela.

Es decir: mientras en la prensa especializada española se hablaba de «techno duro» o directamente de nada, había un pueblo de Huesca donde el hardgroove sonaba con una regularidad que ya quisieran muchas capitales europeas. El público no lo llamaba así. Lo bailaba igual.
El revival: por qué el hardgroove volvió en los años veinte
La reactivación empezó después de la pandemia y tiene una explicación bastante lógica. Cuando los clubs reabrieron, llegó una generación nueva de público con ganas de pasárselo bien, y el techno que dominaba —cada vez más rápido, más saturado, más solemne— no ofrecía mucho margen para eso. El hardgroove sí: es duro, pero es divertido; es rápido, pero se baila; suena a rave sin sonar a broma.
El punto de inflexión mediático fue abril de 2023, cuando Resident Advisor le pidió a Ben Sims que reconstruyera la historia del género en diez discos. Un año después, en abril de 2024, Bandcamp Daily publicaba un reportaje titulado «La segunda venida del hardgroove». En enero de 2025 le tocó el turno a MusicRadar, ya en formato de guía de producción. Cuando las revistas empiezan a explicarte cómo hacer un género, es que el género ha vuelto del todo.
Los nombres que han empujado esta ola vienen de sitios que no son ni Londres ni Detroit. Regal86, de Monterrey (Nuevo León, México), publicó en 2023 La Onda, probablemente el disco más influyente de esta segunda etapa: techno a unos 135 BPM con programación de batería que bebe del trap y percusión latina sin ningún complejo. Ojo con el nombre, porque en España se confunde constantemente: Regal86 no tiene nada que ver con Regal, el productor madrileño Gabriel Cassina que lleva Involve Records desde 2012. Son dos artistas distintos y dos sonidos distintos.

Elisa Bee, italiana afincada en Milán, se ha convertido en la fichaje más estable del sello de Sims: su Digital Haze EP salió en Hardgroove el 28 de noviembre de 2025 y es un buen retrato de cómo suena el género hoy, con percusión redonda y bajos de onda sinusoidal en lugar de la agresividad porque sí. ANNĒ, griega, ha firmado en Mutual Rytm y ha remezclado a Sims. 1Morning, desde Los Ángeles, mete bossa nova y dub en la ecuación. Truncate y Developer, también en LA, llevaban dos décadas haciendo esto mismo sin ponerle etiqueta y de repente tienen público nuevo. Y en Berlín, Chontane pincha en Tresor y Fuse un hardgroove que ya no se parece del todo al de 1999.
La bronca por la etiqueta: Sims contra el hardgroove-comodín
El revival ha traído un efecto secundario previsible: la palabra se ha vaciado. Hoy se llama hardgroove a cualquier cosa que lleve un loop, un sample vocal y algo de percusión, incluyendo mucho tech house acelerado con vocales de hip hop mal cortadas.
Sims no se lo ha tomado especialmente bien, y es difícil culparle. En la entrevista de 2024 con Four/Four fue explícito: le parece estupendo que se haga más música con funk, pero que se etiquete como hardgroove cualquier cosa con un bucle le resulta molesto y demuestra que se ha entendido mal lo que era el sonido. Buena parte de su identidad como DJ y productor está atada a esa palabra desde hace casi treinta años, así que cuando la ve pegada a discos con los que no tiene ninguna conexión, se lo toma personal. Su conclusión fue seca: seguirá representando el hardgroove en su forma original, pase lo que pase.

No se quedó en las declaraciones. En diciembre de 2024 lanzó Hardgroove Originals, una serie de vinilos y digitales cuyo primer volumen —Sims, Mark Broom, Mark Williams y la resurrección del alias Roku después de casi veinte años— salía con una frase impresa en la portada que funciona como corte de mangas editorial: si vas a llamarlo hardgroove, sepas qué es el hardgroove. La serie continúa: en febrero de 2026, Mark Williams publicó en el sello The Spirit of Hardgroove EP, cuatro cortes de uno de los tipos que ayudó a construir el molde en los noventa.
Preguntas frecuentes sobre el hardgroove
¿Qué es el hardgroove?
El hardgroove es un subgénero del techno caracterizado por una percusión densa y sincopada —congas, bongos, breaks troceados, samples de hip hop y funk— sobre un bombo seco a cuatro por cuatro, normalmente entre 130 y 140 BPM. Prioriza el groove y la funcionalidad para DJ frente a la melodía o el desarrollo dramático.
¿Quién inventó el término hardgroove?
El DJ y productor británico Ben Sims acuñó el término hacia 1996 con su serie de mixtapes Hard Groove Trax, como alternativa a la etiqueta «funky techno», que rechazaba. En 1999 fundó el sello Hardgroove, sublabel de su imprenta Theory Recordings, con sede en Londres.
¿A cuántos BPM va el hardgroove?
Entre 130 y 140 BPM en la mayoría de los casos, con un núcleo habitual en torno a 135 BPM. Es notablemente más lento que el hard techno actual, que suele moverse entre 145 y 160 BPM.
¿Cuál es la diferencia entre hardgroove y hard techno?
El hard techno busca impacto por acumulación: bombos largos y saturados, tempos altos y estructuras de tensión y liberación. El hardgroove busca movimiento: bombos cortos que dejan sitio a la percusión, tempos más contenidos y una arquitectura pensada para mezclar durante minutos en lugar de para provocar un clímax.
¿Cuáles son los discos fundacionales del hardgroove?
Los tres puntos de partida más citados son The HardGroove Project de Ben Sims (Theory Recordings, 1998), el catálogo temprano del sello Hardgroove desde 1999 y, en el lado de Detroit, el Knights of the Jaguar EP de DJ Rolando a.k.a. The Aztec Mystic (Underground Resistance, 1999), que normalizó la percusión latina dentro del techno. Ben Sims reconstruyó la genealogía completa en un reportaje para Resident Advisor publicado en abril de 2023.
¿Por qué el hardgroove ha vuelto en los últimos años?
Por saturación del hard techno y por relevo generacional. Tras la reapertura de los clubs después de la pandemia, una parte del público buscó música bailable y física sin la solemnidad ni la velocidad extrema del techno dominante. Artistas como Pushmann, Regal86, Elisa Bee, ANNĒ o 1Morning reactivaron el sonido desde España, México, Italia, Grecia y Estados Unidos entre 2021 y 2024, y sellos históricos como Hardgroove recuperaron actividad.
¿Por dónde empiezo a escuchar hardgroove?
Por The HardGroove Project de Ben Sims si quieres el origen, por La Onda de Regal86 (2023) si quieres entender la versión contemporánea, y por el catálogo reciente del sello Hardgroove —el Digital Haze EP de Elisa Bee (noviembre de 2025) o The Spirit of Hardgroove EP de Mark Williams (febrero de 2026)— si quieres saber cómo suena ahora mismo.
Un género que se defiende solo
Treinta años después de aquella primera cinta, el hardgroove sigue siendo lo mismo que era: música hecha por DJs para DJs, donde el mérito no está en la idea sino en el oficio. Puedes discutir si es un género o una escuela de producción dentro del techno —hay gente seria en ambos bandos—, pero no puedes discutir su influencia. La percusión que hoy da por sentada media escena viene de ahí.
Y si el revival acaba diluyéndolo otra vez, que es lo más probable, tampoco pasa nada. Ya sobrevivió a una muerte. Sabe hacerlo.