DVS1 es el nombre artístico de Zak Khutoretsky (San Petersburgo, 1976), DJ y productor de techno estadounidense afincado entre Minneapolis y Berlín. Llegó a Estados Unidos con dos años, empezó a montar raves ilegales a los 18, pasó un año en un centro penitenciario y fundó en 1996 HUSH, la marca que hoy engloba sello, sistema de sonido, estudios y la serie de eventos The Wall of Sound. Es residente de Berghain desde 2009 y en 2022 lanzó Aslice, la plataforma que intentó que los DJs pagaran a los productores; cerró en 2024. En 2025 y 2026 celebró los 30 años de HUSH con una gira mundial de 18 fechas.

Hay dos formas de contar a DVS1. Una es la lista: Berghain, Klockworks, Transmat, Axis, fabric 96, dos sellos propios. Impresiona y no explica nada. La otra empieza por el detalle que casi ningún perfil pone en el titular: este tío vendió LSD para pagarse los altavoces, la policía le entró en casa antes de que llegara el equipo y salió de aquello con un año de cárcel y treinta de libertad condicional. Todo lo demás —la obsesión enfermiza con el sonido, el desprecio por el DJ-estrella, los sets de ocho horas— viene de ahí.
De San Petersburgo a Minneapolis: infancia de inmigrante
Nació en San Petersburgo en 1976, cuando la ciudad todavía se llamaba Leningrado y la URSS existía. Sus padres se lo llevaron a Minneapolis cuando tenía dos años. Él lo ha contado sin épica: llegaron sin nada y montaron algo desde cero. Nunca pasaron hambre, pero él fue lo bastante mayor como para recordar cómo era no tener, incluso después de que la familia estuviera cómoda. Esa es la palabra que usa para describirse a sí mismo, y la repite tanto que ya es marca de fábrica: hustle. Buscarse la vida.
Poco después del traslado, sus padres se divorciaron y su padre se mudó a Nueva York. Zak creció partido entre las dos ciudades, cambiando de colegio varias veces y metiéndose en líos. Ocho años de clases de piano y la música de sintetizador que sonaba en la radio de los ochenta fueron su primer contacto real con la electrónica. Ese doble domicilio le dio algo que se le nota en cabina treinta años después: la calle de Nueva York y la educación del Medio Oeste, a partes iguales.
Pilló el final de la época dorada de las dos escenas: las crews de Nueva York por un lado, las free parties de Minneapolis por otro. Y fue ahí, en almacenes de Minnesota, donde vio por primera vez lo que años después convertiría en concepto artístico: paredes de 60 a 100 cajas acústicas apiladas, sin pantallas, sin luces, sin nadie mirando al DJ.
Las raves del Medio Oeste, el LSD y un año dentro
Empezó a montar sus propias fiestas a los 18 años. No solo pinchaba: se encargaba de la promoción, del sonido, de la logística, de todo. Las fiestas crecieron rápido y se movían por naves industriales de la ciudad sin permiso de nadie. Se metió primero como voluntario en uno de los sistemas de sonido locales y luego decidió comprarse el suyo. Lo financiaba, en buena parte, vendiendo LSD.

El equipo no llegó a entrar por la puerta. La policía registró su casa y le acusaron de posesión de sustancia de clase A con intención de distribuir, un cargo que podía haberle costado la mitad de su vida adulta. La jueza optó por la vía corta: un año en un centro penitenciario y treinta de condicional. Él lo ha resumido diciendo que le dio a probar lo justo para que aprendiera la lección, y que dentro tomó la decisión consciente de tomarse en serio lo suyo al salir. Tardó siete años más en quedar libre de la condicional.
Cuenta esto sin dramatismo y sin coartada. Tampoco lo esconde. Es una de las razones por las que se ha ganado el derecho a dar lecciones sobre integridad en una escena donde casi todo el mundo se inventa un pasado.
HUSH: de fiestas clandestinas a estructura completa (1996)
HUSH nació en 1996 como una serie de fiestas clandestinas en Minneapolis, durante los años de condicional. El nombre —»silencio», literalmente— venía del secretismo obligado: sin cartel público, sin dirección hasta el último minuto, boca a boca. Treinta años después, HUSH es un paraguas que incluye una empresa de sistemas de sonido, una productora de eventos, un complejo de estudios y un sello de vinilo.
El orden importa. HUSH Productions fue primero. Luego llegaron HUSH Sound y HUSH Studios, un complejo de 30 estudios que vendió en 2017. El sello no apareció hasta 2011, quince años después de la primera fiesta. Esto explica por qué DVS1 insiste tanto en que se considera DJ primero y productor después: llevaba década y media montando cosas antes de firmar su primer disco.
Foundation: el club que duró 18 meses
Al cumplir los 30 se le metió en la cabeza abrir un club. El proyecto —que acabaría llamándose Foundation— se comió varios sitios por el camino: perdió un local en el sótano de la Foshay Tower y otro debajo de The Bolt, un club gay de la ciudad. Finalmente abrió en lo que había sido The Rogue, el primer club de house y techno de Minneapolis. Arrancó bien y se estrelló contra el ayuntamiento por los horarios de cierre. La afluencia cayó y cerró a los 18 meses.
Fue un fracaso caro y él lo trata como tal, sin maquillarlo. También fue la lección que le llevó al modelo opuesto.
Future Classic: 350 personas, socios, cero fotos
Hacia 2008 abrió Future Classic, un almacén de aforo 350 en Minneapolis que funcionaba por membresía. Pocas fiestas al año, siempre acompañado por un DJ local, prohibido escribir, publicar o hablar de ello. Con el tiempo empezó a invitar a leyendas —Jeff Mills, Danny Tenaglia— con la misma condición: estrictamente off the record. Su sitio para pinchar cuando estaba en casa.

Duró más de quince años y unos 46 eventos. Se acabó de golpe en septiembre de 2024: un incendio en el edificio Acrylic Fabricators dañó los estudios contiguos y dejó restos tóxicos incrustados en el espacio. Él lo anunció por correo a la lista de socios dejando claro que la decisión no había sido suya. El 30 de mayo de 2026 resucitó el formato por una noche en Los Ángeles, junto a DPC, residente histórico de Future Classic, y con el mismo técnico de luces de siempre.
Cómo Ben Klock le cambió la vida en una noche
El giro llegó por accidente. Ben Klock —residente de Berghain y fundador de Klockworks, sello alemán nacido en 2006— pinchó en Minneapolis y se quedó a ver a Khutoretsky hacer un directo, algo que este casi nunca hacía. Le gustó tanto que le pidió los temas para sacarlos en su sello. Problema: no había temas. Eran esbozos. Zak se encerró en el estudio a terminarlos.
El resultado fue Klockworks 05 (2009), su primer disco, conocido también por el título de su corte principal, «Searching». Ahí ya está todo el ADN DVS1: groove hipnótico, percusión que entra y sale, cero interés por el clímax. Ese mismo año empezó a pinchar en Berghain.
Él lo ha dicho con todas las letras: estaba destinado a ser una leyenda local y le parecía bien. Klock le abrió las puertas.
Berghain, Panorama Bar y las residencias
Berghain fue «la chispa», en sus palabras. Nunca había estado en un entorno donde se sintiera tan libre. Pincha allí con regularidad desde 2009 y es uno de los pocos artistas a los que el club confía las dos plantas: el techno de Berghain abajo y el house y electro de Panorama Bar arriba. Eso último no es un detalle menor. Es el certificado de que su rango es real y no una pose.
Además de Berlín, ha mantenido residencias en Bassiani (Tiflis), Fuse (Bruselas) y Smartbar (Chicago). Y en 2017 se mudó definitivamente a Berlín, montando allí su único estudio tras años trabajando en dos espacios que sonaban distinto y le impedían coger un criterio estable.
La discografía de DVS1: poca cantidad, mucha densidad
DVS1 publica poco y lo sabe. Su catálogo como productor es minúsculo comparado con el de cualquier DJ de su nivel, y esa escasez es deliberada.
Tras Klockworks 05 llegó Love Under Pressure EP (Transmat, 2010), firmado como Zak Khutoretsky | DVS1 y con «Polyphonic Love» y «Pressure» dentro. Transmat es el sello de Derrick May, uno de los tres de Belleville que inventaron el techno de Detroit, y May ejerció de mentor en aquellos primeros años de estudio. En 2011 abrió HUSH como sello con HUSH 01, que contiene «Evolve» y «Submerge». En 2013 lanzó Mistress Recordings, la subsidiaria donde saca lo que no encaja en HUSH: house, techno y todo lo que hay en medio, o como él lo llama, las armas secretas de su maleta.
Ha publicado también en Ostgut Ton, Blueprint (junto a James Ruskin), Rekids, Prologue, Mute, Rejected, Running Back, Enemy y Timefog, además de firmar remezclas para Nina Kraviz o Terrence Dixon.
«Black Russian», el hit que se niega a pinchar
Su tema más conocido es «Black Russian», y aquí conviene aclarar algo porque circula mal por internet: salió en Klockworks 13, el 15 de julio de 2014. No en Transmat. La confusión viene de que Derrick May escuchó una versión temprana del tema y, cuando Zak le llamó para pedirle opinión sobre la versión final, May soltó la frase que le dio nombre: ahí está, ese es mi ruso negro. El bautizo es de May; el disco es de Klock.
El tema es raro dentro de su catálogo: hi-hats sibilantes, bajo duro y un loop de piano dramático que no pega ni con cola y funciona perfectamente. Es su corte más reconocible y él no lo pincha. Dice que vive de crear momentos con música que nadie conoce, y que tirar de un tema que la pista ya se sabe es demasiado fácil.
fabric 96 (2017) y Beta Sensory Motor Rhythm (2020)
Fabric 96 salió el 8 de diciembre de 2017: 29 temas en unos 80 minutos, casi todo inédito, con material que después vería la luz en HUSH y Mistress. Le costó cuatro meses y lo describió como una obsesión. Abre con un fragmento del discurso final de Charlie Chaplin en El gran dictador, lo cual te da una idea bastante exacta de cómo se toma el formato mix CD alguien que llevaba más de cuatro años sin publicar una sola mezcla.
Su álbum de debut tardó todavía tres años más. Beta Sensory Motor Rhythm se publicó en digital el 1 de diciembre de 2020 en Axis Records, el sello de Jeff Mills, con edición en vinilo en febrero de 2021. Ocho cortes construidos sobre la idea de las ondas cerebrales y los estados previos al sueño —»Alpha-Theta», «Delta Wave», «Hypnagogia»—, con Rødhåd firmando la mezcla de dos temas y masterización en Manmade Mastering. Es un disco para casa tanto como para club, algo que en su obra no había pasado antes.
Después volvió a HUSH con HUSH 06 (13 de octubre de 2023): tres temas, «Shatter», «Unravel» y «Merge», pensados con toda la intención para sonar en sistemas grandes. Y en agosto de 2026 apareció de nuevo, esta vez en compañía. Volveremos a eso.
The Wall of Sound: el altavoz como cabeza de cartel
Es su proyecto más ambicioso y el que mejor lo define. La idea: sacar al DJ de la ecuación. Nada de pantallas, nada de visuales, nada de escenario. La cabina se coloca al fondo de la sala, a oscuras, y todo el frente se llena de cajas apiladas. El público mira a los altavoces.
La primera instalación fue en 2015. La que lo puso en el mapa llegó el 1 de octubre de 2016 en el Maassilo de Rotterdam, dentro de la celebración de los 20 años de HUSH: una estructura de cuatro metros de alto por doce de ancho construida con Danley Sound Labs y RF Shows, con Jeff Mills, Serge y Dasha Rush en cabina. La réplica, literalmente, de los sistemas de las fiestas ilegales del Medio Oeste de los noventa.
Desde entonces el formato ha rotado por Ámsterdam, Los Ángeles, Detroit y más. Los seis y siete de marzo de 2026 lo llevó a Lofi, Ámsterdam, con Ratherlost: un rig L-Acoustics a medida, una noche dedicada a la cultura de sound system con Tim Reaper, Darwin y un primer b2b entre Pariah y DJ Pete, y otra de techno con Richie Hawtin, Josey Rebelle y Samuel Deep. El 23 de mayo de 2026 volvió al Bert’s Warehouse Theater de Detroit por tercer año, con Claudio PRC, Juana, Rødhåd y Traversable Wormhole. Las normas siguen siendo las mismas: sin fotos, sin vídeos, y protección auditiva recomendada por escrito.
El 30 de enero de 2026 se publicó un documental de doce minutos sobre el concepto, centrado en la edición de Los Ángeles con Traxx de enero de 2025, con entrevistas al propio DVS1, al ingeniero de sonido Andy Fitton y al director de iluminación Strobert.
Su argumento de fondo lo tomó prestado de Mad Mike Banks, de Underground Resistance: si pones tu cara delante de la música, estás poniendo tu ego delante. DVS1 lo lleva al extremo lógico. No somos una banda, dice. Somos un vehículo para la música.
MONOM: sonido espacial en el Funkhaus
En diciembre de 2017 abrió MONOM en el Funkhaus de Berlín, el antiguo complejo de radiodifusión de la RDA. Lo fundó junto a Gratia Napier y William Russell, y alberga un sistema 4DSOUND: 48 altavoces omnidireccionales repartidos en 16 columnas y nueve subgraves bajo un suelo acústicamente transparente, para hasta 400 personas. No hay punto dulce; el sonido se mueve por el espacio y tú te mueves por dentro de él.

Es la versión de laboratorio de la misma obsesión: el espacio como instrumento. Si The Wall of Sound es fuerza bruta, MONOM es el bisturí.
Aslice: el experimento que quiso arreglar el reparto (y no pudo)
El 29 de marzo de 2022 lanzó públicamente Aslice, después de una beta privada iniciada en 2021. El planteamiento era sencillo y demoledor: los DJs suben sus playlists, el software identifica los temas y el DJ dona un porcentaje de su caché —la plataforma sugería un 5%— a los productores de la música que ha pinchado. Voluntario. Sin revelar cantidades. Sin financiación corporativa.
Aslice se anunció como respuesta al agujero de las sociedades de gestión, que en teoría deberían pagar esas ejecuciones y en la práctica dejan a la mayoría de productores sin ver un euro. La industria de la electrónica se valoraba en 7.300 millones de dólares en 2020. Casi nada de eso llegaba a quien hace los temas.

El 3 de septiembre de 2024, Aslice anunció su cierre. Las cifras finales, recogidas en un informe independiente encargado por la propia empresa: 422.696 dólares redistribuidos desde el arranque de la beta hasta esa fecha, a partir de 7.396 playlists enviadas por 935 DJs, repartidos entre 27.395 productores de 57 países, procesando 85.265 temas únicos de un total de 355.163 reproducciones reportadas. El 29% de esos productores recibió con Aslice el primer pago de su vida por su música. El 60% ganó más con Aslice que con todas sus demás fuentes de ingresos musicales juntas.
Y aquí está la parte incómoda. El 10% superior de DJs registrados generó el 65% de todo lo repartido. El informe calculaba que con 40 DJs más del nivel de esos diez principales, la plataforma habría sido viable. No los hubo. La escasa adopción entre los nombres grandes es la razón que se dio para el cierre. Richie Hawtin, que era usuario convencido y no inversor, publicó un vídeo largo y visiblemente afectado cuando se anunció.
Vale la pena decirlo sin rodeos: Aslice no fracasó porque la tecnología fallara —el sistema de identificación de temas alcanzó un 99,8% de precisión— sino porque los DJs que más cobran decidieron no participar.
S.O.S. y la costumbre de decir lo que piensa
En 2019 puso en marcha Support Organize Sustain (S.O.S.), una plataforma de paneles y debates sobre los retos sociopolíticos de la electrónica. Tras el parón de la pandemia volvió en octubre de 2025 con una jornada pública junto al festival Dekmantel en Ámsterdam.
No es su primera incursión. En 2014 publicó Enjoy Right Now, una carta abierta sobre los móviles en la pista que corrió como la pólvora. Y lleva años repitiendo un diagnóstico que le ha costado enemigos: la cultura de festival y la cultura de club no son lo mismo, y se están mezclando de una forma que destruye la segunda. Su razonamiento es concreto, no nostálgico. En sets de 90 minutos ningún DJ se atreve a arriesgar; si la temporada de festivales ocupa medio año, los DJs pierden la costumbre de arriesgar; y cuando eso pasa, la parte curatorial del oficio desaparece.
En 2018 declaraba haber dejado de hacer streams y podcasts porque creía en la experiencia presencial hasta el punto de renunciar a la promoción más barata que existe. Esa postura se ha relajado: Resident Advisor lo incluye entre los artistas de su serie de mixes de temática tecnológica, y en 2024 grabó una masterclass para la plataforma Seedj.
Cómo pincha: el purista que se pasó al digital
Aquí conviene deshacer un malentendido que arrastra media internet. DVS1 fue durante años la bandera del vinilo, y hoy no pincha vinilo. Lleva desde alrededor de 2018 en digital total.
Él mismo ha descrito la transición como un desmontaje progresivo. En una entrevista con Michaelangelo Matos para The Current en junio de 2023 lo desglosó paso a paso: empezó tocando solo vinilo, pasó a dos platos y dos CDJ, luego a dos platos y tres CDJ, luego a un plato y tres CDJ, y en algún momento decidió cortar por lo sano y cambiarse del todo. Ya en 2014, en una entrevista con DJ Times, reconocía que la proporción era 50/50 y explicaba el motivo sin épica ninguna: cuando empiezas a girar cuatro o cinco semanas seguidas, te cansas de rebuscar en la misma bolsa de discos fin de semana tras fin de semana. Ahora hace entre 120 y 140 bolos al año.
El argumento de fondo es más interesante que la anécdota. Él no toca un tema y luego el siguiente: superpone varios a la vez, coge fragmentos pequeños, los loopea y los mete como textura, y se queda dentro de la mezcla con varias cosas sonando durante tramos largos. Con vinilo eso tiene un techo. Su razonamiento es que si vas a usar tecnología, la uses hasta el límite de lo que da. En la masterclass que grabó para Seedj su equipo eran cuatro CDJ, una Allen & Heath Xone:96 y un pedal de efectos.
Lo que no ha cambiado es la escuela. Manos siempre ocupadas, EQs manipulados sin parar para empujar un elemento al frente y hundir otro, tres o cuatro canales sonando a la vez. No deja sonar el tema: lo toca. Viene de la generación de DJs que modifican y esculpen sobre la marcha, con Jeff Mills y DJ Traxx como referencias declaradas.
Y sigue siendo coleccionista: se le atribuyen más de 30.000 discos en su colección personal. Una cosa es lo que compra y otra lo que se lleva a cabina. Nunca planifica un set: los construye en el momento, dentro del contexto en el que está tocando. Pueden durar ocho horas y no siguen guion.

Hay un detalle que no es casual: Aslice solo podía funcionar porque los interfaces digitales generan la lista de temas automáticamente. El DVS1 que defendía el vinilo no habría podido montar la plataforma que hizo el DVS1 digital.
Se define como «beat and rhythm addict» y rechaza etiquetar lo que hace. Habla de beats, ritmos, texturas y colores. Su rider tampoco pedía licores raros ni velas, al menos cuando lo describió en 2018: pedía subgraves extra y ofrecía llegar antes para ayudar a afinar el equipo. Por entonces también contaba que en el estudio trabajaba con un máximo de siete canales, porque la música despojada es la que más pega en un sistema grande.
DVS1 y España: PoleGroup, Mulero y «Reaction Pair»
La conexión española viene de lejos. En diciembre de 2013, Óscar Mulero seleccionó su tema «Strobe» para Unknown Landscapes Vol. 1, la serie de mezclas de PoleGroup, y lo eligió además entre los cuatro cortes que pasaron al vinilo de Unknown Landscapes Selected 1. Desde entonces han coincidido en cabina y en mesas redondas —compartieron panel sobre el papel del DJ en el ADE de 2017— y Mulero ha pinchado en The Wall of Sound.
La colaboración de verdad ha llegado en 2026. El 7 de agosto salió Curation 01: Oscar Mulero en The Third Room, el sello alemán que también programa el Stone Techno Festival, y la pieza central del EP es «Reaction Pair», firmada por Mulero y DVS1 a cuatro manos: línea de bajo tambaleante, acordes que construyen y disuelven tensión en ciclos, movimiento continuo sin picos evidentes. Es el primer capítulo de una serie curatorial y Mulero la planteó como diálogo, no como lucimiento en solitario. Si sigues la escena española, este es probablemente el punto de entrada más directo a DVS1 que vas a encontrar este año.
En cuanto a directos en España: pinchó ocho horas seguidas en Razzmatazz (Barcelona) el 14 de septiembre de 2025, dentro de TORAX y con diseño de luces de Strobert, como parada española de la gira del 30 aniversario. En 2026 ha pasado por Sun & Snow en Sierra Nevada y por Aquasella, en Arriondas, del 13 al 16 de agosto.
30 años de HUSH: la gira de 2025 y 2026
El 20 de mayo de 2025 anunció 30 Years of HUSH, una gira mundial de 18 fechas repartidas entre Norteamérica, Sudamérica, Europa y Sudáfrica. Arrancó ese mismo fin de semana en Detroit, coincidiendo con Movement, con una edición de The Wall of Sound.
El recorrido incluyó Berghain el 3 de julio de 2025 junto a Traxx —el artista al que señala como influencia directa en su forma de pinchar, tras treinta años de amistad—, el Lux de Lisboa con Chez Damier el 20 de julio, Razzmatazz en Barcelona el 14 de septiembre, el Stereo de Montreal el 27, la jornada de S.O.S. con Dekmantel en Ámsterdam el 24 de octubre, Bassiani en Tiflis con Kaiser el 21 de noviembre y la vuelta a casa en Minneapolis el 29 de noviembre. En 2026 continuó por Buenos Aires, Medellín el 31 de enero y Nueva York, y cerró el 13 de marzo de 2026 en el Vault de Ciudad del Cabo.

Preguntado por Resident Advisor, dijo que nunca habría imaginado el crecimiento de HUSH en estas tres décadas, y citó Aslice y el haberse abierto un camino sin traicionar sus valores como los hitos que más le importan. Añadió que empezó todo esto por amor a la música y a la comunidad que encontró en ella, sin la menor idea de que pudiera dedicarse a esto profesionalmente.
A fecha de septiembre de 2026 sigue en activo y programando: pasó por Stone Techno Festival en Essen del 10 al 12 de julio y por los festivales españoles ya mencionados, y The Wall of Sound sigue rotando por ciudades. Para fechas actualizadas, su perfil de Resident Advisor es la fuente fiable.
Por dónde empezar a escucharlo
Si vienes de cero: Klockworks 05 para entender de dónde sale, Klockworks 13 por «Black Russian» —aunque él no la pinche—, fabric 96 para ver cómo mezcla y Beta Sensory Motor Rhythm para escucharlo fuera del club. Y si tienes ocasión de verlo en una sala con buen sistema, ve. Es de los pocos artistas cuya obra principal no está en los discos.
Preguntas frecuentes sobre DVS1
¿Quién es DVS1?
DVS1 es el alias de Zak Khutoretsky, DJ y productor de techno nacido en San Petersburgo en 1976 y criado en Minneapolis. Es residente de Berghain desde 2009, fundador del sello y plataforma HUSH y creador de los eventos The Wall of Sound.
¿Qué significa DVS1?
DVS1 se pronuncia «devious one» (el astuto, el retorcido) y viene de su antiguo tag de grafitero. El «1» sustituye a la palabra «one».

¿De dónde es DVS1?
Nació en San Petersburgo, entonces parte de la Unión Soviética, y su familia emigró a Estados Unidos cuando él tenía dos años. Creció entre Minneapolis y Nueva York, y desde 2017 tiene su estudio principal en Berlín.
¿Qué es The Wall of Sound de DVS1?
Es una serie de eventos iniciada en 2015 en la que el sistema de sonido ocupa el frente de la sala y el DJ pincha al fondo, a oscuras. Recrea las paredes de altavoces de las raves ilegales del Medio Oeste estadounidense de los años noventa. Su edición más conocida fue en el Maassilo de Rotterdam el 1 de octubre de 2016, con Jeff Mills.
¿Qué fue Aslice y por qué cerró?
Aslice fue una plataforma lanzada por DVS1 en 2022 para que los DJs donaran voluntariamente un porcentaje de su caché a los productores de los temas que pinchaban. Cerró el 3 de septiembre de 2024 tras repartir 422.696 dólares entre 27.395 productores. La razón declarada fue la falta de adopción por parte de los DJs mejor pagados de la industria.
¿Cuál es el mejor tema de DVS1 para empezar?
«Black Russian», publicado en Klockworks 13 el 15 de julio de 2014, es su corte más reconocible, aunque él se niega a pincharlo en sus sets. Para entender su sonido de club, Klockworks 05 (2009); para escucharlo fuera de la pista, el álbum Beta Sensory Motor Rhythm (Axis Records, 2020).
¿Qué sellos tiene DVS1?
Dos: HUSH, fundado en 2011 y dedicado casi en exclusiva a su propio techno, y Mistress Recordings, lanzado en 2013 para house, techno y material más ecléctico de otros artistas.
¿DVS1 pincha en vinilo o en digital?
DVS1 pincha en digital desde alrededor de 2018. Fue un defensor conocido del vinilo y pasó gradualmente a formatos mixtos —en 2014 declaraba una proporción de 50/50— hasta cambiarse por completo. En su masterclass para Seedj su equipo eran cuatro CDJ, una mesa Allen & Heath Xone:96 y un pedal de efectos. Sigue siendo coleccionista de vinilo, con más de 30.000 discos, pero no los lleva a cabina.